En la vida de las personas, los momentos felices de reunión familiar siempre son celebrados y recordados.
La productora de vídeo Cuatro Manos, es la encargada de dejar en la memoria de todos esos momentos únicos y preciosos.
En su página web cuatromanos.com, podéis ver un sinfín de vídeos sociales que os harán sonreír y podéis contar con ellos para vuestros eventos más importantes.
Desde la experiencia de todos los eventos vividos y siempre con la ilusión que les caracteriza a los integrantes de esta productora, han creado una serie de cuentos relacionados con el mundo de la boda que nos irán mostrando. Aquí os dejamos el primero, ¡Disfrutadlo!

Cuentos de vidas y bodas

Las campanas de la Iglesia no paraban de sonar. El repiqueteo continuo desde las 12 de la mañana indicaba que algo importante iba a suceder. María no pudo evitar asomarse a la ventana de su habitación y mirar la torre del campanario, que se levantaba frente a su casa.
¿Qué sucedería ese sábado en el pueblo?, se preguntó María.
Era un pueblo pequeño, sin demasiada animación y sin acontecimientos importantes, pero ese día se respiraba en el ambiente un aire de fiesta.
A eso de las doce y media de la mañana, y con el sol en lo alto del cielo, empezaron a aparecer varios grupos de personas que se arremolinaban a la puerta de la Iglesia.
María se volvió a asomar a la ventana de su habitación, esta vez con los ojos haciéndole chiribitas. Se asombró al ver todos aquellos vestidos que elegantemente vestían las invitadas de la boda que se celebraba ese día en el pueblo. Los novios eran vecinos de allí, pero desde hacía muchos años vivían en el extranjero y los invitados habían venido de muchos lugares lejanos para asistir a esa gran fiesta.
María bajó rápidamente las escaleras de su casa y se mezcló entre la gente invitada. Observó las preciosas pamelas de las mujeres y sus vestidos con terciopelos y pedrerías.
Y a la una en punto, llegó la novia y, entonces María se quedó inmóvil cuando la vio bajar del coche en el que venía. Su precioso vestido adornado con cristales y su largo velo de seda y encaje, le dejaron sin palabras.
Y María volvió a casa y durante días dibujó en su cuaderno aquellos vestidos que había visto el sábado en la puerta de la Iglesia, y así siguió por muchos años dibujando vestidos, inventados y soñados.
Y un sábado cualquiera de verano, años más tarde, volvieron a sonar las campanas del pueblo y esta vez María se mezcló entre la gente invitada de la boda para observar lo bien que les quedaban los preciosos vestidos que ella misma había diseñado y que ahora eran famosos en todo el mundo.

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